Cuando la velocidad de evolución de las amenazas supera la de muchas infraestructuras tecnológicas, surge una pregunta que ningún equipo directivo debería ignorar: ¿nuestra infraestructura realmente está migrada y preparada para el futuro?La respuesta no solo depende de herramientas o sistemas, sino del nivel de actualización de los protocolos y estándares que sostienen la operación
